La verdad, aunque esté en minoría, sigue siendo la verdad...

La burguesía disfraza su propio interés particular, para que de tal forma, ese interés particular forme parte del interes general

domingo, 23 de marzo de 2014

Ensayo general para la farsa actual

Comandante Hugo Chávez Frías. Presidente de Venezuela 1998-2013
Los imperios nos dividen, los dramas nos unen
En el mes donde se conmemora el primer aniversario de la partida física del Presidente de Venezuela, Comandante Hugo Chávez Frías, Latinoamérica se ve en una etapa de su historia donde las nuevas tendencias políticas de estos años se enfrentan a diversos poderes sombríos que intentan desacomodarlas.
El sueño de la patria grande de los grandes libertadores se vio afectado por las divisiones entre países, en muchos casos alentadas desde el imperio de turno bajo el viejo principio de "divide y reinarás". Aún así, los países latinoamericanos y caribeños fueron afectados por los mismos padecimientos como un bloque homogéneo: guerras por la independencia (mayoritarias en la primera mitad del Siglo XIX), olas de intervenciones militares (en un lapso menor de 50 años: Cuba, República Dominicana, Granada, Haití, Panamá), golpes de estado (Plan Cóndor), dominio comercial (empresas como Union Fruit, petroleras) o modelos económicos propiciados como "exitosos" (neoliberalismo durante los 80-90).
Hubo aislados intentos de cambiar este esquema, mayoritariamente fallidos: Fidel Catro en Cuba,  Salvador Allende en Chile, Jacobo Arbenz en Guatemala, Maurice Bishop en Granada, Omar Torrijos en Panamá, la primera etapa de Daniel Ortega en Nicaragua o Juan Domingo Perón en Argentina de los cuales el primero fue el único que logró consolidar su gobierno (aunque Cuba está presa de un bloqueo económico y de permanentes conspiraciones) mientras que los otros fueron derrocados por dictaduras de ultra derecha y/o asesinados. Todos estos casos (más los que omití para sintetizar) tienen un factor común: el gobierno de los EEUU estuvo detrás de todas las conspiraciones que implicaron en general, cambios violentos de régimen.
Por esa historia conjunta y por tener dramas similares, llegó el día en que muchos países de Latinoamérica optaron por rebelarse ante el régimen de dominio y latrocinio en conjunto. La etapa neoliberal post dictaduras hizo estragos en toda la región, hubo protestas, movilizaciones populares y hasta intentos de golpes de estado variados: desde la derecha, los que pedían impunidad para los asesinos de la dictadura encabezados por Mohamed Alí Seineldín finalmente concedida por el entonces Presidente Carlos Saúl Menem, hasta la izquierda como ocurrió en Venezuela con Hugo Chávez Frías quien se puso al frente de un grupo de militares patriotas, hartos del infame gobierno neoliberal de Carlos Andrés Pérez.
Anoop Singh, del FMI. Hizo varias giras por Sudamérica
Los años 90 profundizaron el modelo que impusieron las dictaduras a sangre y fuego. De aquellos años recordamos las visitas de los emisarios del FMI quienes, recibidos casi con alfombra roja (hoteles de máximo lujo, banquetes con "hombres de negocios" y hasta en algún caso con servicios sexuales incluidos) le dictaban a los gobiernos qué hacer con la plata que le iban a prestar (que con intereses, estos países debían devolver más o menos el triple) y tildaban de "valiente" cualquier medida de ajuste contra el pueblo. Según esa óptica imperante, reflejada en no pocos medios de comunicación, había que tener cojones para hambrear más y más al pueblo, para reprimir la protesta social, cuando en realidad los gobiernos temerarios, que se animaron a enfrentar verdaderos peligros vendrían unos años más tarde.

El primer gobierno que destruyó las viejas estructuras de poder
Y fue justamente Hugo Chávez quien se animó a dar el paso para romper el bipartidismo de su país (algo habitual en la mayoría de las democracias de nuestro continente) y proponer algo nuevo.
Chávez fue el pionero, en 1998 mientras los aún mayoritarios regímenes neoliberales mostraban signos de insostenibilidad, en Venezuela se inició un proceso de cambio que integró a una inmensa parte de ese 80% de la población que hasta ese entonces vivía en la pobreza al sistema educativo, laboral y de salud, nacionalizó empresas extranjeras que se abusaban de esta enorme desigualdad para explotar a los trabajadores y seguir pobreando al país y, conocedor de lo que le ocurrió a sus vecinos en el pasado, fortaleció la impronta nacionalista y comprometida con el pueblo de sus Fuerzas Armadas capitalizando en la figura del libertador Simón Bolívar la imagen del militar patriótico que defiende a su pueblo y se opone a los intereses de las oligarquías locales tan anclados en la dominación extranjera. Muchas fuerzas militares latinoamericanas son aún sospechadas de derechistas y por ende, de defender los intereses más concentrados de la aristocracia local (muchos de sus miembros las componen).

Las réplicas progresistas, con ingredientes locales
Hugo Chávez hizo algo muy bueno, exportó su modelo al resto del continente para que no fuera un fenómeno aislado. Desde finales del siglo XX el foro de San Pablo nucleaba a muchos líderes progresistas latinoamericanos donde prendió esta semilla, tales como el gremialista Luiz Inácio "Lula" da Silva (Brasil) o el dirigente cocalero Evo Morales (Bolivia). Con el tiempo muchos países vecinos vieron como líderes por fuera de las estructuras partidarias tradicionales y surgidos desde las masas, y no desde las reuniones en Washington o en el Foro de Davos, llegaban a dirigir sus países con un discurso diferente, proclamando cosas que 10 años antes estaban prohibidas por estar cuestionadas por los organismos internacionales de crédito y por los "países serios".
El Chavismo reformó el discurso, hasta ese entonces hegemónico, al plantear la problemática de las masas como problema central y no lo habitual hasta entonces como el excesivo gasto público que tanto preocupaba a la troika de aquel entonces.
Modelos similares al de Chávez surgieron en Bolivia con Evo Morales, el primer Presidente aimara, y Rafael Correa en Ecuador. Otros fueron más moderados en su prédica, pero revitalizaron el progresismo tras años de ostracismo, donde ser de izquierda era anticuado y blasfemo. En estos casos podemos ubicar a Lula-Dilma Roussef en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Michelle Bachelet en Chile y Tabaré Vázquez-José "Pepe" Mujica en Uruguay. Todos surgidos en la primera década de este siglo.
Hubo algunas experiencias interesantes que lamentablemente fallaron como la de Fernando Lugo en Paraguay o Manuel Zelaya en Honduras por no tener una fuerte base popular y haber llegado al poder gracias a acuerdos con partidos tradicionales conservadores que los terminaron traicionando llevando a cabo un nuevo estilo de golpe de estado blando, disfrazado de una aparente legalidad.

Latinoamérica bajo una guerra de baja intensidad
Manifestación contra Cristina Fernández en Argentina, 2012
No fueron escasos los intentos por remover a estos gobiernos progresistas a través de técnicas tramposas y violentas. Dado que la legalidad de los mismos fue siempre incuestionable desde las urnas (aún así los opositores de derechas aludieron a posibles maniobras de fraude en medios de comunicación corporativos como CNN o Globovisión) y que en muchos casos las Fuerzas Armadas eran mayoritariamente leales al gobierno, recurrieron a movilizaciones, protestando bajo proclamas inoculadas desde los medios de comunicación y repetidas hasta el hartazgo que en el idioma de los furiosos manifestantes se traducía en "queremos libertad", "esto es una dictadura", "no queremos parecernos a Cuba", "basta de inseguridad", "Dejen de robar, políticos corruptos (oficialistas, obviamente)", "basta de regalarle el dinero de mi trabajo a negros vagos",  "queremos comprar dólares libremente"(¡¿?¿?¿?!), etc.
Así la derecha pretendió ganarse con prepotencia lo que se le negaba en las urnas, alentando la furia y los miedos de las crecientes clases medias con ayuda de interesados medios de comunicación, siempre hábiles a la hora de manipular los discursos administrando así, los humores de la gente.
Venezuela y Bolivia fueron testigos de revueltas con grupos armados, incluso en Venezuela hubo un fugaz golpe de estado que pudo revertirse gracias a la rebelión popular en las calles de todo el país. Esto era algo nuevo que ninguna tiranía escogida por Washington había enfrentado, su rechazo popular valiente e inmediato. En Bolivia se habló de un intento de secesión del país sumado a un virulento racismo contra los pueblos originarios en Santa Cruz de la Sierra, esta intranquilidad fue eliminada con la expulsión de agentes estadounidenses del país. Ecuador y Argentina tuvieron que soportar revueltas policiales y este último además, padeció protestas alentadas desde medios de comunicación (Grupo Clarín o Diario La Nación) donde no faltaron incidentes con grupos neonazis que adhirieron a ellas. Brasil tuvo protestas importantes el año pasado, donde sorprendió el nivel de vandalismo de muchos participantes y fueron bien acogidas por medios como la oligopólica Rede O Globo.
Los casos de Honduras y Paraguay fueron distintos, la escasa adhesión social en las calles y los enemigos internos (tanto Lugo como Zelaya asumieron con cierto apoyo de partidos históricos de derecha) hicieron caer rápida y fácilmente ambos modelos previas maniobras de difamación: las buenas reformas que intentó el ex obispo Lugo quedaban empañadas por múltiples acusaciones de paternidad no reconocida y ampliamente publicitadas por los medios que, oh casualidad, surgieron recién cuando éste estaba de presidente.

La desesperada búsqueda del golpe exitoso
¿Qué etapa sucederá al progesismo latinoamericano? ¿Una que profundice los cambios u otra transición al conservadurismo? Ni las oposiciones locales ni los EEUU se piensan quedar cruzados de brazos a la espera de ver cómo sigue la película, no son espectadores, son actores de la misma.
Estos modelos de izquierda, muchos desprolijos y con deudas pendientes, han sido exitosos en integrar grandes masas de pobres a las clases medias (en unas 50 millones de personas, según el Banco Mundial), clase que ahora representa el 30% de la región, gracias a que ahora hay clase media en países donde casi no existía. Recordemos que Latinoamérica no es la región más pobre del mundo, sino la más desigual.
Esta desigualdad está volviendo a ser usada por fuerzas de derecha que aspiran recuperar lo que perdieron en el cambio de siglo. Gracias a los medios de comunicación se adueñaron de las definiciones de democracia y libertad a las que les dieron un sentido capcioso. Infunden miedo a las clases medias (sobre todo a las nuevas) sobre la inseguridad, inflación y corrupción política (jamás hablan de la empresaria) que podría hacerles perder lo que consiguieron en estos años y que el gobierno de turno "no sabe controlar". Ya sabemos que la inseguridad es propiciada desde la televisión principalmente, que exagera cualquier hecho delictivo, se atiborran los noticieros de este tipo de noticias como si fueran lo único que tienen para mostrar. La inflación merece un capítulo aparte, pero es un drama resultante del capitalismo de pillaje que se hizo habitual en nuestra región gracias al abuso de las clases capitalistas dominantes. Cabe decir que muchos integrantes de clases medias acatan estos principios, se aburguesan, creen que pensar como el que más tiene los va a llevar a un estrato social superior, a codearse con "clases sociales mejores" olvidándose de quién los sacó de la pobreza e ignorando que el modelo al que ayudan no los va a tener en cuenta. Nunca la derecha fue agradecida con los no ricos.
Alejandro Peña Esclusa en Alabama, EEUU
El caso venezolano llama la atención de estos días, por ser el modelo popular más viejo quizá sea el que pretenden cambiar más rápido estos sombríos poderes abusándose del presunto desgaste que acarrearía el tiempo. Para ello se aprovechan de la ayuda de los medios que plantearon el caso como si se tratara casi de una guerra civil, de la "brutal represión" contra los manifestantes tomándose de relatos o imágenes obtenidos con malas artes o de una feroz campaña por ridiculizar al Presidente Nicolás Maduro Moros con el fin de dañar su imagen. Estos poderes quizá no cuentan con la fácil adhesión de las Fuerzas Armadas, pero tienen dinero, propio y proveniente desde EEUU a través de organizaciones de derecha como la fascista Unoamérica integrada por el estadounidense Alejandro Peña Esclusa (recientemente arrestado por portar artefactos explosivos) además de armas. Este sujeto que avaló golpes de estado (abril de 2002 contra Chávez) y propició revueltas callejeras además de portar artefactos letales, se victimiza y aparece ante la prensa como una "víctima de la falta de libertad del régimen chavista", claro, cualquier ciudadano debe ser libre en EEUU (por citar un ejemplo de democracia...) de llevar explosivos por la calle, no?
Sin duda el dinero y las armas son suficientes para formar grupos paramilitares, reclutando sicarios de barriadas humildes (que aún las hay, obviamente) que vienen sembrando de muerte el país. Desde las ajustadas elecciones presidenciales del año pasado cuyo resultado no fue reconocido por el perdedor, candidato Henrique Capriles Radonski, donde estas bandas de mercenarios causaron 7 muertos y más de 60 heridos (mayoritariamente gente pobre), ningún medio hegemónico los trató siquiera de bandas de delincuentes. Eso sí, todos se horrorizaron ante la muerte de una reina de belleza venezolana en febrero pasado debido a la inseguridad, el caso fue tomado por los medios privados como mascarón de proa junto a protestas variopintas de universitarios para generar una sensación de caos donde las simples marchas devinieron en un escenario tipo Ucrania: quema de objetos, corte de calles, enfrentamientos a balazos con la policía y muchísimas caras cubiertas. Además conmovió recientemente la muerte de un oficial de la Guardia Nacional en el estado de Araguas y la quema de la biblioteca de la Universidad de las Fuerzas Armadas (UNEFA) en Táchira.
¿Quiénes son, finalmente, los fascistas, los intolerantes, los violentos?

No permitamos que Venezuela caiga
Estado de la biblioteca de la UNEFA de Táchira
Ya en su momento lo pedimos por Siria. Dejar que en Venezuela el gobierno lo tomen estos poderes económicos nefastos, cargados de odio, sería un golpe durísimo para el resto de las democracias del continente. Esta runfla bestial nos enrostraría "nuestro fracaso" cuando en realidad hicieron toda clase de maniobras conspirativas para destruir un modelo cuyo máximo pecado fue darle dignidad a los abusados históricos, maniobras que horrorizarían a los libertadores patriotas.
Estos infaustos personajes pretenden redefinir el concepto de democracia (quieren una plutocracia) y el de dictadura (así llaman a cualquier gobierno que elimina los privilegios de las clases más poderosas, que no se rige estrictamente por las reglas del libre mercado).
Los medios hacen uso abusivo, y hasta falaz, de las imágenes de fuerzas de seguridad que intentan controlar a grupos excesivamente furiosos y violentos de encapuchados, mientras que en España, donde la gente está sufriendo un feroz ajuste neoliberal y sale a marchar a cara descubierta y desarmada, es castigada severamente por la policía. Ningún medio se va a referir al régimen de Rajoy.
Las palabras no son inocentes...
No es la "feroz dictadura" venezolana, sino la "democracia " española, Madrid, Marzo 2014
Más allá de que una foto no dice nada, y que Rajoy surgió de elecciones transparentes como Nicolás Maduro, tomemos con pinzas cada noticia que consumimos, analizarla fríamente incluyendo al medio que la emite y tratemos de buscar coberturas alternativas de la misma. Es de muy poca inteligencia creerse una especie porque sólo un medio la trata.

No se puede permitir que estos poderes nos derroten, cuentan con el aval de la supertpotencia, con dinero y con medios que manipulan la información. Por ello es que el campo donde conviene darles batalla es en el comunicativo, dar a conocer quienes son, sus historias y qué ideas tienen detrás de esa farsa de "republicanismo" con la que se llenan las bocas.
Ellos no se rinden, nosotros tampoco, así que tengamos como lema lo que supo decir el Che Guevara alguna vez: "Hasta la victoria siempre". Pero SIEMPRE.