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viernes, 14 de marzo de 2014

El Tratado Transatlántico

Allá por los años 40, el escritor británico George Orwell, autor de "1984", imaginó en esa obra una humanidad controlada, desinformada y repartida entre 3 superpaíses, de a poco pareciera que esto está ocurriendo en la actualidad, en muchos estados se pretende emular la realidad opresiva de ese libro, aunque claro, enmarcándola en una farsa de "libertad".
Según parece, hace muchos años que existe el sueño de crear un gran mercado común a ambos lados del Atlántico, entre Europa y EEUU (con la posibilidad de sumar a terceros como Canadá, Japón o Australia), prácticamente desde el momento en que EEUU se transforma en la superpotencia que conocemos hoy, existe este proyecto de nuclear en un solo bloque al "mundo industrializado" encargado de producir bienes con valor agregado cuyas materias primas provienen de la "periferia", o sea, de nuestros países.

Bloques económicos muy desiguales
El mundo neoliberal alienta la creación de bloques de libre comercio entre países, donde no existen aranceles aduaneros por el intercambio de productos entre los países socios. Bajo la excusa de mayor variedad productos o de alentar la competitividad se presentan estas alianzas como ventajosas, ocultando toda la miseria que encierran.
El ejemplo más espantoso lo tenemos cerca: el NAFTA, tratado de libre comercio celebrado entre Canadá, EEUU y México. Allí se pudo ver como el tratado fue bueno para los miembros más industrializados porque conseguían materias primas mexicanas más baratas y perjudicial para México que tuvo que soportar la invasión de empresas norteamericanas y canadienses que, deslealmente, destruían a muchas incipientes industrias mexicanas con la inserción de baratos productos en el mercado producidos masivamente. México debió sufrir además, la llegada de productos primarios subsidiados desde EEUU a precios muy baratos que destrozaron la pequeña economía de muchos campesinos productores por ejemplo de maíz o frijol. Algo similar le pasó a Haití.
EEUU tiene un discurso muy convincente para crear espacios de libre comercio por doquier, sólo que le auguran a su potencial socio toda la bonanza que únicamente será para los norteamericanos, porque en su calidad de primera potencia pueden invadir al país socio con productos baratos y con multinacionales con poca chance de reciprocidad. Ya hemos hablado de los Tratados de Libre Comercio bilaterales, por ejemplo el de EEUU-Perú, sin duda es muchísimo más fácil hallar en Perú empresas norteamericanas extrayendo bienes clave para la economía de su país o productos made in USA que encontrarse en Manhattan con productos manufacturados provenientes de alguna empresa 100% peruana que no use mano de obra barata.
¿Por qué un país en desarrollo haría un tratado leonino con EEUU? Una de las razones es para ganarse la simpatía del imperio, como el que se hace amigo del matón de la clase. Otra es por presión de la oligarquía local (enriquecida gracias a los productos primarios), generalmente beneficiada por el comercio con una gran potencia que necesita de aquello que produce.
La intención de extender los tratados de libre comercio por toda América se truncó, al menos por ahora (nunca hay que dar por vencidos a los obstinados norteamericanos) en 2005 cuando la mayoría de los presidentes latinoamericanos rechazaron el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Aún así los EEUU se dedicaron a firmar acuerdos bilaterales con países de la región durante los años siguientes cuyos gobiernos tienen un corte conservador similar al que proliferaba en los años 90.

El sueño de cruzar el océano
Sin embargo el plan máximo es crear un área de libre comercio entre EEUU y Europa. Ya dijimos que es un plan viejo, podemos remitirnos a la Segunda Guerra Mundial. Mientras la contienda se desarrollaba, EEUU crecía continuamente gracias a la incesante industria bélica que reactivó la economía y a la destrucción de la actividad económica de sus competidores europeos y del Japón, ya se sabía que el mundo luego de esta hecatombe no volvería a ser igual y que otra superpotencia emergería desde Norteamérica.
La estrategia fue brillante, dejar que la guerra progrese hasta un punto de destrucción de Europa occidental tal que países como Francia, Reino Unido, Alemania Occidental u Holanda requirieran de una "ayuda" estadounidense como fue el Plan Marshall. Un envío de dinero de casi U$s13.000 millones para toda Europa Occidental incluídos países que no tomaron parte activa en la contienda como Suiza, Portugal, Suecia o Turquía (que se declararon neutrales). España también se benefició con dinero estadounidense aunque por fuera del Plan Marshall y en cifras muy inferiores a sus vecinos, debido al régimen franquista.
Esta medida "generosa" servía para ganarse aliados contra el comunismo y ponerle freno a un posible avance soviético sobre los países del oeste.
Todo esto sirvió para que muchas industrias europeas recuperaran sus niveles previos a la guerra o incluso los mejoraron, pero ya con un firme competencia norteamericana en el mercado. Bajo la excusa de evitar las atrocidades del nazismo y del "riesgo rojo" se crea la Organización del Atlántico Norte (OTAN) un bloque militar que nuclea a EEUU, Canadá y Europa occidental en 1949. Para las grandes uniones comerciales europeas faltaría más, las heridas de la guerra dejaron desconfianzas mutuas entre los diferentes estados que también tenían gobiernos de diferente tendencia ideológica. No estaban las condiciones dada para que algunos países firmaran acuerdos comerciales con otros estados con quienes se habían bombardeado recientemente, esos rencores debían ser aplacados con el tiempo.
Se recuerdan pequeños tratados parciales como la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. No fue sino hasta 1957 cuando en Roma se firma un tratado que establecía la creación de un mercado común europeo que terminó de concretarse en 1993 cuando los 6 miembros fundadores: Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y Países Bajos inician este bloque económico y político (con incumbencia en temas militares más allá de la OTAN). Durante sus primeros años fue cubriendo Europa occidental, pero allí no acabaría todo.
Este bloque vio en la caída de la URSS un campo fértil para extenderse sobre los países que formaron parte del Pacto de Varsovia, que se concretó desde 2004. A partir de esa año un gran número de países de Europa oriental (incluidas ex repúblicas soviéticas) se adhirieron al acuerdo. El problema es que ninguno de estos países se benefició con el Plan Marshall por estar bajo la órbita soviética, así que estaban atrasados industrialmente comparados con sus socios occidentales. Consecuentemente estos países empezaron a recibir productos importados de Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido o Suecia que competían con la producción local y también subsidiarias de multinacionales de estos países, miembros desarrollados de la UE.
A pesar de lo que se ve en estos días donde algunos miembros sureños de la Unión Europea están estancados en una crisis que parece no tener fin, muchos países afuera de la UE sueñan con entrar (como Turquía, Islandia, Albania o Serbia) sin medir las consecuencias. Pareciera ser que es una cuestión de status: el de sentirse por fin "europeos" sin considerar el papel que les ha de tocar en esa unión comercial.
Un agravante para los miembros más débiles de la unión es la pérdida de soberanía monetaria. Desde que se crea la moneda común el euro (al cual astutamente, los británicos no adhirieron), hay estados que no tienen economías fuertes para sostener tan cara moneda, aún así la ambición de ciertos gobiernos por codearse con los miembros fuertes va más allá de lo que realmente beneficia a sus pueblos.

El TTCI
En los últimos tiempos se viene hablando mucho del progreso de China, país que inevitablemente se va a convertir en primera potencia económica mundial, lugar que hasta hoy ostenta EEUU.
Quizá por temor a perder ese privilegiado lugar, desde los EEUU se intenta apurar la firma del tan postergado tratado de libre comercio entre éste y Europa cuyas siglas son TTCI (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión). En él se generaría un área exclusiva adonde los productos chinos ingresarían con desventaja frente a los no arancelados similares de EEUU.
Es por eso que cobran importancia estados que podrían engrosar el área exclusiva como Turquía (eterna postergada en ingresar a la UE ante la negativa de Francia por la postura del gobierno turco ante el Genocidio Armenio) o Ucrania (que nadie en Europa la tenía en los planes como potencial miembro). Las políticas llevadas a cabo por EEUU para debilitar a Rusia restándole aliados, de ubicar escudos misilísticos en Polonia y de apoyar cualquier trifulca en Europa oriental a favor de la integración a la UE van de la mano de este proyecto que aspira a acortarle el mercado a China en un futuro próximo. La posibilidad de sumar al tratado a aliados incondicionales como Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, además de los tratados bilaterales que EEUU celebra cada tanto con países latinoamericanos, tiende a dejar a la nueva potencia asiática con escaso poder de acción. Incluso los países que más reticentes se muestran ante el dominio norteamericano corren el riesgo de ser desestabilizados (como Honduras, Libia, Siria o Venezuela).
Pero no está nada dicho, en Europa hay muchos obstáculos que sortear para darle el gusto al Tío Sam. Entre ellos la entrada sin restricciones de toda clase de alimentos desde EEUU a Europa. Se sabe que la política alimentaria norteamericana es más irrestricta que la europea, por ejemplo se permiten transgénicos, algo que muchas legislaciones europeas no aceptan. Otro escollo es la sumisión pretendida por EEUU a los tribunales financieros internacionales, de esta manera, cualquier país europeo podría ser llevado a juicio por cualquier multinacional si ésta se siente perjudicada económicamente por alguna decisión soberana. Estos tribunales son favorables a las empresas porque su plantel de magistrados está integrado por ex empleados de multinacionales.
El periodista español Ignacio Ramonet sostiene que aún hay muchas trabas para que el acuerdo se concrete, pero serían muchas más si el tema se instalara en los medios de comunicación donde es tratado a cuentagotas. Muy poca gente del común sabe de este proyecto que se trata bajo 7 llaves, o de los empresarios estadounidenses que fueron a Europa a hacer lobby ante parlamentarios de diferentes países para conseguir adhesiones.
Los estadounidenses aprendieron de su error con el ALCA y no quieren oír un NO desde el otro lado del océano, por eso se mueven con apuro y también con cautela, no sea cosa que el gigante asiático se despierte antes de tiempo.