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sábado, 3 de agosto de 2013

No se puede permitir que Siria caiga

Por estos días se habla mucho de la "crisis" en Siria que algunos ya la elevan a una guerra civil.
Bashar al-Assad
Muchos medios de comunicación han planteado que esta revuelta se originó en medio de la llamada Primavera Árabe, período en el cual los pueblos de distintos países de Oriente Medio y norte de África salieron a las calles para exigir cambios rotundos en el gobierno. Tales gobiernos en muchos casos eran dictaduras pro occidentales como la de Hosni Mubarak en Egipto (además este era garante de la situación de privilegio que ostenta Israel en la región) o la del tunecino Ben Ali.
Las potencias europeas y EEUU no tardaron en volcar esta situación a su favor y fue así como alentaron la revuelta en Libia que depuso a Muammar al Gadaffi llevada a cabo por sicarios que asesinaron a Gadaffi sin juicio previo, hecho que fue festejado por Hillary Clinton. Sin embargo revueltas similares se dieron en Bahrein (cuya monarquía medieval es fiel aliada de EEUU) que fueron reprimidas con severidad no fueron apoyadas con el mismo rigor por la "comunidad internacional". Es claro, no se podían seguir cayendo más alfiles propios.
El "éxito" que las potencias hegemónicas consiguieron en Libia pensaron que se podía trasladar a otros estados "incómodos" y el que cayó en la conspiración fue Siria. Este país árabe es el único aliado que tiene Irán en la región, que está plagada de gobiernos simpatizantes de los EEUU (algunos por conveniencia económica, otros porque fueron invadidos por la OTAN) y es un candidato perfecto para continuar la sucesión de países árabes que serían invadidos según un plan revelado por el General Wesley Clark.
El interés por alterar política y/o geográficamente la zona tiene razones varias como transformar el mapa de los vecinos de Israel, país cuya existencia y prepotencia genera recelo en el mundo árabe, y quitar del medio a ciertos líderes cuyo alineamiento incondicional con occidente no está asegurado como es el caso del presidente sirio Bashar al-Assad, tampoco olvidemos que Siria está enclavada en medio de la región entre el mar Mediterráneo (a un paso de Europa) y el Golfo Pérsico, zona de alta producción petrolera. Además esta guerra le es útil a muchos países del primer mundo para reactivar sus economías, aunque quizá, como están las cosas, no sea suficiente.
Bandar Bin Sultan
La excusa perfecta que encontró la OTAN para intervenir en Oriente fue el atentado del 11-S, atentado donde el papel de Arabia Saudita fue más que sospechoso puesto que abundan teorías acerca de quién organizó realmente el ataque. Muchos sospechan del sugestivo papel del ex embajador Saudita en EEUU el príncipe Bandar Bin Sultan (foto) por ocultar información sobre ciudadanos de su país involucrados en el 11-S
En este documental nos muestran cuán interesados están los saudíes por desestabilizar al gobierno sirio y el negocio armamentístico que tienen algunas superpotencias con la conservadora monarquía de Arabia Saudita donde no faltan los negocios turbios como el que vinculó a Margareth Tatcher con los monarcas árabes.
Ahora se repite el plan de Libia, los países de la OTAN, Arabia Saudita y Qatar sostienen económica y armamentísticamente a los sicarios terroristas que tratan de derrocar al líder sirio. Estos mercenarios no dudan en cometer toda clase de atrocidades que los funcionarios estadounidenses y europeos le adjudican al "régimen sirio" para justificar una intervención militar que Rusia y China (a diferencia del caso Libia) no aprueban.
Vale decir que no pretendemos exculpar al presidente sirio, pero no creemos en las buenas intenciones de las potencias occidentales que nunca se preocupan en el bienestar de los pueblos a los que dicen defender. Los antecedentes sombríos de estos países al intervenir en asuntos internos de otros estados y el papel histórico de los medios de comunicación a la hora de acomodar el discurso desmienten la preocupación de estos infames por la "libertad" de los sirios.