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viernes, 16 de febrero de 2018

Los Miserables: La carroña del capitalismo

A muchos nos ha ocurrido que en plena calle, por sitios populosos y céntricos, nos interrumpe el paso algunas persona de no más de 25 años quien con mucha frescura nos pide un aporte para alguna causa benéfica en nombre de alguna organización no gubernamental (ONG).
Estos jóvenes portan pecheras con el nombre de estas ONG de fama mundial: Unicef, Médicos sin Fronteras, Missing Children, Greenpeace, Cáritas, etc. aunque no son enviados por éstas, sino que son empleados de empresas privadas dedicadas a captar donaciones de transeúntes.
Parte de estas donaciones quedan para estas empresas que contratan jóvenes por su escaso costo laboral, además de ofrecerles un trabajo basura donde deben captar un alto número de donativos o serán despedidos. Se sabe de lo difícil que es para muchos jóvenes conseguir su primer empleo, oferta a estas empresas les sobra, y cuando sobra oferta laboral, la calidad de los derechos laborales mengua.
Las ONG que contratan estos servicios, más preocupadas por recaudar, hacen oídos sordos a esta problemática. Los jóvenes que hacen estos trabajos se acostumbran a trabajar para producir, a ver como normal sentirse estresados bajo la presión de jefes que no les permiten sindicalizarse. Este tipo de empleados "ablandados" son muy útiles para el capitalismo actual, porque desde el inicio se acostumbraron a trabajar de manera indigna.

Pero hasta aquí no hemos hablado de una de las peores lacras del capitalismo, de los carroñeros que hacen dinero a costa de los pobres.
Mucho del dinero que inocentemente las personas donan presuntamente a una ONG (o en principio eso se cree), una ínfima porción se destina a ayuda efectiva, mientras que mucho se va en promoción, empresas que captan donaciones y hasta en honorarios para los empresarios dueños de estas ONG que se llevan grandes ganancias que ridiculizan las minucias que llegan a los desposeídos a quienes se supone que ayudan.
Por ejemplo, se ha puesto de moda en Europa el turismo humanitario, hay empresas que cobran a personas comunes dispuestas a ir a sitios apartados como África o el sudeste asiático a ayudar en orfanatos o en centros de refugiados que forman parte de este programa. Las empresas que cobran miles de euros por cada viaje, proveen de escasísimos materiales a estos centros, por lo tanto estos voluntarios tienen que improvisar actividades a realizar en estos sitios.
Estos centros de ayuda humanitaria también hacen su negocio, muchos están ubicados en las zonas turísticas para captar donativos de turistas y hay orfanatos que hasta ofrecen espectáculos y artesanías brindadas por los mismos niños para pedir donaciones, algo sospechado de trabajo infantil.
En países como Camboya la caridad es todo un negocio, existen huérfanos falsos, niños de familias pobres que son captados por estos orfanatos y que los padres no pueden recuperar a menos que paguen altas cifras de dinero. Estos niños son obligados a trabajar  y son víctimas de toda clase de abusos.
Otro gran negocio es la reconstrucción tras catástrofes. El caso de Haití es elocuente, se trata de uno de los países más pobres del mundo y sufrió un terremoto en 2010 que destruyó gran parte del país. Gran parte de la población se quedó sin hogar y Naciones Unidas destinó fondos favoreciendo a empresas que construyen refugios, lugares temporales de pobre calidad cuyos síntomas de deterioro se evidencian mucho antes de que se alcance su máximo de vida útil.
Estos armadores de refugios hacen estas pocilgas con extremo minimalismo a fin de ahorrar dinero,  con poco espacio y materiales innobles, de rápido deterioro y tanto o más caros como una vivienda digna con comodidades básicas. La gente vive en una precariedad permanente y viven entre refugio y refugio, no se alientan programas habitacionales permanentes.
Existen ONG tan carroñeras que arman refugios de pobrísima calidad para los desesperados a quienes se les cobra por permanecer allí o ser corridos por matones que trabajan dentro de la misma organización.
Se habla poco de las ONG, su papel político en muchos países y los multimillonarios que las sostienen mientras evaden impuestos en sus respectivos países.