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La burguesía disfraza su propio interés particular, para que de tal forma, ese interés particular forme parte del interes general

martes, 11 de abril de 2017

Esa Maldita Pared

El tema del peñón de Gibraltar resurge periódicamente. Este conflicto territorial entre 2 históricas potencias coloniales, España y Gran Bretaña, lleva tres siglos y parece de difícil solución.
Hagamos un resumen, el rey Carlos II de España, uno de los Habsburgo, no dejó descendencia, era un hombre enfermo y de pocas luces. Que un rey no tenga hijos es un verdadero problema para su reino, más tratándose de una potencia poderosa del siglo XVIII como era España quien contaba con no menos poderosos enemigos.
A sabiendas del problema sucesorio, varios rivales de España participaron en la Guerra de Sucesión apoyando a los diferentes reclamantes del trono: La Casa de los Austria apoyada por Gran Bretaña, Portugal, Holanda, el Sacro Imperio Romano Germánico y Saboya contra la Casa de los Borbones, defendida por Francia (cuyo rey Luis XIV era Borbón), Baviera, Colonia Y también Saboya hasta que se pasó al otro bando. En ambos lados había españoles defendiendo a una u otra casa.
Se jugaba mucho más que el trono español, sino el dominio sobre Europa, el Mar Mediterráneo y la posibilidad de tejer nuevas alianzas, esta guerra fue un punto de inflexión en la historia.
En medio de las escaramuzas, Gran Bretaña cambió el plan de atacar el importante puerto de Cádiz para someter el poblado de Gibraltar, más desguarnecido. Los británicos notaron las ventajas geográficas que ofrecía este sitio para controlar el tráfico entre el mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. La Guerra de Sucesión, sin embargo, concluyó con un triunfo del bando borbónico, que los británicos, hábiles estrategas, se las ingeniaron para sacarle rédito a pesar de haber apoyado al bando perdedor.
El Reino Unido comenzó a notar que Francia estaba devastada tras esta guerra y era menos riesgosa la alianza franco-española que una entre España y Austria, así que le ofrecieron al rey Borbón Felipe V concluir la guerra cuanto antes, el reconocimiento de su reinado, a cambio de mantener Gibraltar y Menorca. Esto se firmó en el segundo Tratado de Utrecht, misteriosamente al primero no se la invitó a España.
Si bien Menorca fue devuelta, Gibraltar aún se mantiene el dominio británico. Este punto estratégico fue de importancia para Gran Bretaña en varias guerras y en algunas la épica de la resistencia de este sitio le dieron una mística guerrera al enclave que los británicos parecen valorar mucho.
Sabemos que históricamente los ingleses son orgullosos de su historia y le dan mucha importancia a los derechos ganados en las guerras (quizá porque siempre le dedicaron una importancia suprema a las cuestiones bélicas que forman parte de su economía) y además el peñón no deja de ser un estigma para un rival histórico en la colonización de otros territorios.
Con poco más de 6Km cuadrados, la ciudad de Gibraltar, a las sombras de la roca (peñón) alberga a unos 30000 habitantes variados: árabes, judíos, andaluces, malteses, portugueses, británicos e italianos conforman una sociedad que se diferenció de España ante la hostilidad mostrada por el franquismo y por el excelente nivel de vida que les otorga la pertenencia al Imperio Británico. Además la colonia es acusada de refugio de contrabandistas y de ser un paraíso fiscal. El Reino Unido tiene una flota con buques nucleares en la zona, en claro gesto disuasorio.
La cuestión de Gibraltar surge habitualmente cuando hay cuestiones políticas que tapar en ambos países, con el Brexit y la posible independencia de Escocia, el status de Gibraltar en la Unión Europea puede cambiar y esto le puede servir a España para hacer de su reclamo una cuestión continental.