La verdad, aunque esté en minoría, sigue siendo la verdad...

La burguesía disfraza su propio interés particular, para que de tal forma, ese interés particular forme parte del interes general

sábado, 14 de febrero de 2015

El Señor de la Libertad


Hoy decidimos rendirle homenaje a un verdadero irreverente: Jean Paul Sartre.
En tiempos donde la libertad la definen los que explotan, donde hay libertad para burlarse de grupos oprimidos, religiones minoritarias o sectores étnicos bajo la excusa de que éstos son perjudiciales para la sociedad y por lo tanto, ésta es "libre" de burlarse de ellos, difamarlos, e inventar toda clase de fábulas terribles basada fundamentalmente en el prejuicio alimentado de la ignorancia que establece este sistema dominante a través de los medios de comunicación, verdaderos órganos de propaganda del Capitalismo.
Pocos como Sartre se animan a cuestionar el poder impuesto, nadie se burla del CEO de una multinacional o del dueño de una consultora financiera a quienes, seguramente, los sectores populares no conocen o apenas han sabido de ellos a través de elogiosas notas. El sistema siempre nos invita a admirar a nuestros explotadores, un síndrome de Estocolmo a gran escala.
Hombre de su época, Jean Paul Sartre convivió con la Segunda Guerra Mundial y los fascismos, el Macartismo, los 60, las luchas por independencia africanas y asiática, la Revolución Cubana, el Mayo Francés y la Guerra de Vietnam entre otros hitos.
En sus obras y en sus opiniones se nota la lógica de este existencialista ateo de izquierda que fue referente de varias generaciones. Siempre tomó partido en los temas conflictivos, por lo general, contrario a los poderes fácticos.
Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera
Una vez que la libertad ha explotado en el corazón del hombre, los dioses no pueden hacer nada contra él